El expansionismo como deber moral
Estados Unidos logró declarar su independencia oficialmente el 4 de julio de 1776 con la Declaración de Independencia, documento que no solo marcó la ruptura definitiva con Gran Bretaña, sino que también sentó las bases de una nación fundada con ideales como la libertad, la democracia e igualdad. Sin embargo, la independencia quedó plenamente consolidada en 1783 con la firma del Tratado de París, en el que se reconoció la soberanía del nuevo Estado y se fijó el río Misisipi como su frontera occidental (Merino, 2020).
El control del río Misisipi y el puerto de Nueva Orleans fue parte de la estrategia económica de Estados Unidos al ser considerados fundamentales para el transporte y comercio de productos agrícolas, maderas y pieles hacia el mercado internacional. Esta nueva necesidad de garantizar el acceso a rutas económicas fue clave para impulsar la expansión hacia el sur en 1795, tras resolver mediante el Tratado de San Lorenzo sus disputas con España por la navegación del río (Merino, 2020).
Los años siguientes, la política exterior de Estados Unidos se centraba en poder expandirse por medio de tratos con España y Francia, como en la compra de Luisiana a Francia en 1803 con el que los estadounidenses lograron duplicar su tamaño, y en 1809, cuando buscaban apropiarse de la península de la Florida y la isla de Cuba a cambio de adoptar una postura neutral en la lucha por la independencia de México y otras provincias hispanas (Mark & Netchev, 2024).
Siguiendo esta línea es que en 1823 en un discurso ante el Congreso, el presidente James Monroe proclamó la célebre Doctrina Monroe; “América para los americanos”, donde el fin público era proteger a las recién independizadas naciones americanas de amenazas extranjeras provenientes en su mayoría de Europa; sin embargo, lo que escondía era un motivo expansionista hacia México, centroamérica y el Caribe (Atehortúa, 2007).
Del mismo modo, en 1845 John O'Sullivan en un artículo de Democratic Review expresó una idea que hasta el dia de hoy sigue vigente cuando se trata de temas relacionados al imperialismo de Estados Unidos, el Destino Manifiesto, este texto buscaba justificar la expansión territorial hacia el oeste, luego del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 donde México terminó cediendo más de la mitad de su territorio. Él argumentaba que la nación estadounidense tenía el derecho y el deber divino de proyectar la democracia y su dominio a lo largo del continente y que esta misión no solo era inevitable, sino también justa y moralmente correcta (Vacas, 2025).
El impacto que creó la doctrina de destino manifiesto se presentó en la construcción de la identidad nacional de los Estados Unidos durante el siglo XIX. La idea del destino manifiesto expresaba un sentido de superioridad y tenía una influencia en todos los aspectos de la sociedad, tanto culturalmente como económicamente, haciendo que la expansión fuera vista como una misión divina para toda la población estadounidense (Cuevas, 2025).
El destino manifiesto pasó de ser un plan geográfico estratégico a un deber patriótico. Cada anexión que se unía para ser un nuevo estado era vista como un triunfo colectivo. Esto reforzó la cohesión nacional.
Sin embargo, la doctrina tuvo un impacto profundo en el sentido de que se presentaron guerras civiles y controversias. El expansionismo provocó guerras y conflictos internos, como la guerra con México, las guerras indias, entre otros (Cuevas, 2025). De la misma manera, hubo tensiones sobre la esclavitud, ya que al aparecer nuevos territorios en el país, se creaba un debate sobre si la esclavitud era aceptada en los nuevos estados, generando una disputa entre el norte y el sur. Se presenció una ola de inmigrantes quienes provocaron cambios demográficos y el surgimiento de nuevas comunidades (Cuevas, 2025).
Como conclusión, el destino manifiesto estableció el expansionismo como identidad nacional estadounidense en el siglo XIX. La influencia que tuvo no solo justificó las acciones políticas y planes estratégicos, sino que además influyó en la manera de pensar de los ciudadanos estadounidenses en que la expansión era una obligación por parte de ellos. Gracias a esta ideología adquirida, el expansionismo logró que la nación norteamericana ampliara sus fronteras y no fue considerada como una agresión, sino como un deber moral que justifica que una nación tiene la responsabilidad de expandirse.
Referencias:
Atehortúa, A. L. (2007). A propósito de Panamá: La política exterior de Estados Unidos y el "Destino Manifiesto". Folios, (25), 27-36. Retrieved September 20, 2025, from http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-48702007000100002&lng=en&tlng=es.
Cuevas, J. M. (2025, 16 septiembre). ¿Qué es la doctrina del destino manifiesto? El Orden Mundial - EOM. https://elordenmundial.com/que-es-doctrina-destino-manifiesto/
Mark, H. W., & Netchev, S. (2024). Compra de Luisiana. Enciclopedia de la Historia del Mundo. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19589/compra-de-luisiana/
Merino, Á. (2020, 11 febrero). La expansión de los Estados Unidos - Mapas de El Orden Mundial - EOM. El Orden Mundial - EOM. https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/expansion-estados-unidos/
Vacas, C. (2025, 24 enero). Destino Manifiesto: La doctrina del siglo XIX con la que EEUU justifica su expansión territorial. Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/que-es-destino-manifiesto-doctrina-que-eeuu-justifica-su-expansion_22994
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